lunes, 27 de octubre de 2008

Publicidad invasiva, persuasión e inconsciencia.



Retomando el tema de la tecnología, causa gran incertidumbre el pensar que todos los avances logrados no necesariamente nos facilitan tanto las cosas. Por el contrario, las tecnologías nacientes nos obligan a necesitarlas y para obtenerlas debemos pagar altos precios, que para peor, ni siquiera se pagan sólo una vez, sino que debemos ir renovando la tecnología cada cierto tiempo. Esto también, es algo que nos es “obligado” a hacer. La verdad de las cosas es que los realizadores de tales tecnologías, manejan desde hoy aquellas que nos van a vender en el futuro. La clave de su éxito está en ir lanzando poco a poco cada mini avance que se realiza, sacando modelos con poca diferencia entre ellos, para que los antiguos caduquen pronto y nos sintamos obligados a comprar el nuevo y más moderno. Esto sucede con cámaras fotográficas, videocámaras, computadores, reproductores de música, de DVD, televisores, y así sigue una larga lista, que incluye productos de belleza y otros fáciles de vender. Nos damos cuenta, por lo tanto, que todos estos avances tecnológicos parecen existir sólo para hacernos comprarlos. Todos los días inventan cosas nuevas para vendernos, “pastas dentífricas, con un 0,001% más de efectividad, todo comprobado por científicos”, científicos que fueron pagados especialmente para dar esos resultados. La publicidad que avala todos estos productos es inmensamente invasiva, y molesta por lo demás, ya que estoy segura que si hiciéramos una encuesta respecto a si a la gente le gusta ver su ciudad repleta de letreros colorinches, incitándonos a gastar nuestro dinero en cosas que seguramente ni siquiera necesitamos, la respuesta sería no. Y es que, ¿realmente trabajamos (muchísimo) más de 8 horas diarias, para gastarnos nuestra platita en pelotudeces que nos “dicen” que debemos comprar? La gente ya está endeudada hasta las patas por culpa de eso. Considerando lo anterior, es importante también recalcar que quienes se endeudan son en su mayoría personas quienes no tienen el dinero suficiente para pagar aquello que compran a plazo y que los hace endeudarse. Entonces, ¿por qué alguien que a duras penas puede mantener a su familia alimentándose bien, y que se sobre esfuerza día a día para lograrlo, se endeudaría para comprar un televisor plasma, último modelo, o no sé qué? ¿No es más importante acaso asegurar el futuro de nuestros hijos, la alimentación y educación de nuestra familia, y mantener un hogar digno y en buen estado? Si alguien ha tenido alguna vez la experiencia de ir a un barrio pobre, donde las casas con suerte tienen suelo, se habrán dado cuenta que en muchos de esos hogares tienen televisores de ultima tecnología, muchísimo más modernos del que tengo yo al menos, y así también equipos de música, y hasta sky en algunas casas. ¿Cómo es esto posible? Lamentablemente, para las grandes empresas, aquellos que son más susceptibles a responder ante sus publicidades, son aquellos con menos recursos, y por ende, en su mayoría, menos educación. Según la encuesta CASEN (Encuesta de Caracterización Socioeconómica), del 2006, el estrato de más bajos ingresos en Chile destina aproximadamente el 60 por ciento de sus ingresos a cancelar deudas, las que corresponden principalmente a tarjetas de crédito. El aumento de la posesión de tarjetas de crédito no bancarias ha aumentado al punto que en promedio existen unas 3,5 tarjetas de crédito por persona en el país. Hoy en día más de un 30 por ciento de las transacciones realizadas se hacen a través de tarjetas de crédito. Y es que no es ninguna sorpresa, ya que podemos ver diariamente cómo prácticamente se regalan tarjetas de tiendas comerciales en las calles. El problema está en que la tasa de interés que se cobra llega casi al 50%, sin contar el costo de mantenimiento. Esto asegura un aprisionamiento por parte de las empresas hacia sus clientes, que ven en las tarjetas la única posibilidad de comprar aquellas cosas que de otro modo, pagando en efectivo por ejemplo, no podrían costear. Así, la gente se endeuda cada vez más, comprándolo todo a plazo y manteniendo una deuda eterna con las tiendas. Somos todos esclavos del consumo indiscriminado, pues la verdad es que la mayoría de las cosas que compramos son luego desechadas, ya sea por falta de uso, porque pasan de moda o quedan obsoletos en tecnología, o porque simplemente las mismas fábricas que se han encargado de fabricarlas lo han hecho con la intención de que luego de cierto tiempo éstas caduquen para tener que comprarlas nuevamente. Aunque a algunos esto pueda parecerles no del todo cierto, para mí hay un pensamiento que siempre me hace sospechar de las “fallas” en los productos que consumimos y es la siguiente: “si el hombre pudo llegar a la Luna, puede mandar sondas a Marte, puede hacer aviones y edificios inmensos… ¿cómo no va a poder crear computadores, radios o inclusive ropas, que resistan al menos un buen tiempo?”. Personalmente creo que sí puede, sólo que no quiere. Esto se hace claramente con la intención de vender, vender y vender. A aquellos que tienen el poder poco les importa de las reales necesidades de la gente, sino, ¿por qué entonces habiendo tanto dinero y recursos en el mundo, éstos no se han utilizado para acabar con la pobreza y el hambre? Porque de que alcanza, alcanza; eso todos lo sabemos. La razón, es que prefieren ocupar todos los recursos de la tierra, que patudamente creen poder “comprar”, para después hacer productos vendibles. Qué lamentable.

Lo que personalmente considero más triste sobre nuestra sociedad actual, es cómo elegimos despojarnos de todos los conocimientos ancestrales, siendo tan ciertos, para adoptar este nuevo estilo de vida en el que al parecer está de moda no saber hacer absolutamente nada por nosotros mismos. Comprar todos los alimentos empaquetados, beber agua de la llave – o de la botella-, ir al doctor por cualquier cosa, comprarlo absolutamente TODO en el supermercado, ir al gimnasio… ha provocado que la gente se extrañe de lo que es natural. ¿Por qué pagar para ir al gimnasio, si es haciendo nuestras propias labores como debiéramos ejercitarnos? ¿Por qué pagar en exceso por cosas tan pero tan gratis como son los frutos que nos entrega la tierra? Hay gente que hasta se sorprende cuando alguien comenta que hacen el pan en casa, o que tienen un huerto. Yo me pregunto qué pasaría si mañana hubiese una catástrofe mundial que nos despojara de toda comodidad y debiéramos buscar alimento y agua con nuestras propias manos e ingenio. A ver de qué nos serviría saber ocupar el Ipod en esos casos. Qué clase de padres podemos ser si no sabemos enseñar a nuestros hijos a hacer cosas. ¿Les vamos a enseñar acaso cómo utilizar la tarjeta de crédito? Les enseñamos, en cambio, que sea cual sea su profesión, deben utilizarla para ganar dinero. Quedan pocos doctores ya que sienten su vocación como una forma de ayudar a otros, y así también abogados, ingenieros, hasta artistas. En vez de continuar con esta farsa construida a base de ambición y consumismo, quizás deberíamos comenzar a vivir la vida como fue planeada para nosotros desde que se creó el mundo. Contemplar los bellos paisajes naturales, ir a comprar al kiosco de la esquina en vez del LIDER o el JUMBO, ayudar y compartir con los demás aceptando la ayuda y generosidad de otros, disfrutar con la familia en vez de estar pegados al computador o trabajando estresados, vivir con lo justo para que otros también puedan vivir. ¿Es tanto el apego a las cosas materiales, que pensamos realmente que eso es lo que nos hace felices? Si buscan en lo más profundo de su corazón y de sus recuerdos, probablemente se encontrarán con que lo que más los ha hecho felices no tiene nada que ver con dinero ni posesiones.

Entonces, ¿por qué no cambiar? ¿Por qué no dejamos de ser tan débiles de mente como para convencernos de todo lo que la televisión nos vende? ¿Por qué no conformarse con la belleza de la vida, en vez de estar todo el tiempo pensando en un futuro mejor? Que cuando sea más flaca, que cuando tenga más plata… Bullshit. El futuro depende de nosotros y el presente también. Yo por mi parte, ya me cansé. Quiero empezar a vivir y vivir bien.

Ojalá que logre contagiarlos.

De algo sirven las películas futuristas…



El futuro es ahora. Eso lo sabemos todos. Los libros, las películas, muchas formas de arte, parecen advertirnos de posibles situaciones que nos depara la vida. A veces pueden ser bellas y otras veces trágicas. Pero cuando se trata de tecnología, la cosa parece siem
pre ponerse medio siniestra.
Al pasar de los años esperaríamos que los avances tecnológicos y científicos se desarrollasen en función de nuestras necesidades como sociedad y aportasen beneficios para mejorar la calidad de vida. Pero evidentemente esto no es así. Por el contrario, nos damos cuenta que la mayoría de los recursos para investigaciones científicas son destinadas a aquellas que a nosotros ni siquiera nos tocan. El problema está en que para que un experimento sea llevado a cabo, mucho dinero debe ser dispuesto para este fin y, como todos sabemos, aquellos que más dinero tienen no son ni los gobiernos ni las buenas personas. De este modo, las investigaciones se realizan con fines poco generosos y no atienden a la urgencia de algunas enfermedades que necesitan solución u otras problemáticas sociales latentes. De hecho, a medida que han transcurrido los años, y con toda la tecnología que parece surgir y avanzar día a día, pensaríamos que hoy tendríamos miles de servicios gratis y que nuestra vida podría ser más relajada y resuelta. Claramente, y una vez más, esto no es así.
Pero el asunto con la tecnología y la ciencia, -que claro no es del todo malo, ya que incluye avances en tema de medicina, alivia cargas físicas en algunas labores, y otros que pueden resultar sumamente beneficiosos para nuestra sociedad- tiene giros inesperados y resultados que podrían ser tanto beneficiosos como desastrosos. Las noticias recientes respecto a estos experimentos, inventos y avances, tan innovadores como inciertos, nos provocan muchas veces debates de tipo moral y ético incluso dentro de nuestras propias mentes. Ejemplos claves serían la clonación, la guagua esa que nació para salvarle la vida al hermano (todavía no la entiendo muy bien), y un par más que son las que quiero comentarles. Es como si los científicos no hubiesen aprendido nada de las películas. Hay quienes quieren empezar a desarrollar la inteligencia artificial, para crear robots que puedan ayudarnos a hacer las tareas de la casa… ¿es que acaso nadie vio -o leyó, en realidad- “Yo, Robot”, o “Inteligencia Artificial”? Si somos TAN secos, obvio que vamos a terminar logrando que los robots tengan sentimientos, para que luego inevitablemente se sientan esclavos de nuestra sociedad… y quieran REBELARSE. ¿Cuál es el problema con los seres humanos de querer que “otros” hagan cosas por nosotros? Yo al menos, dejaría piola a los robots, miren que cualquier cosa que tenga estructura metálica no creo que sea muy amigable.

Lo pelúo es que nadie tiene la capacidad de detener a esos inconscientes científicos y su afán de transformarnos lo antes posible en los Supersónicos. Y ahora, pa más cagarla, los científicos descubrieron la forma de borrar recuerdos de forma selectiva… al menos en pequeños ratoncitos. O sea… ¡¿¡¿NO?!?! ¿Acaso no vieron la película? Jim Carrey lo dejó clarito, con la mente NO SE JUEGA. ¿En qué $%&#@ queremos convertirnos? ¿De verdad queremos ser tan “perfectos”? Creo que todo ese desarrollo de tecnología –inútil e innecesaria- es sólo una forma más de demostrar lo malagradecidos que somos con la mamita naturaleza y lo disconformes que estamos con nosotros mismos. Quizás estamos siendo muy exigentes, ¿no creen? Si la vida en el planeta era perfectamente funcional antes de que comenzaran esas estúpidas ambiciones por parte de nosotros. Una película que han de ver todos… “La Belle Verte”… esa sí que es visionaria.




viernes, 5 de septiembre de 2008

Declaro mi renuncia al pop




Sí, sí, sí, Madonna viene a Chile. Pero los años de espera han sido largos y, contrariamente a la eterna aunque gratificante espera de Pearl Jam, el amor por la más diva de todas ha ido decayendo. Es que la verdad los últimos discos ya poco importan y su multifacética imagen ya no es tan multifacética como antes. Ya no sorprende a nadie, más que por su magnífico estado físico a la edad que tiene. A pesar de los constantes reproches de mis amigas de infancia, con quienes solía bailar al ritmo pegote de sus canciones añejas, he decidido desistir. No voy a ir; me niego a pagar por ir. O pago mucha plata por ver el show como se debe, cosa que me parece de una inconsciencia feroz sabiendo que hay gente que con ese dinero sustenta a toda su familia por un mes entero, o simplemente pago lo menos por ir sólo a escucharla y verla chiquitita de lejitos y mayormente por una pantalla. Prefiero, en ese caso, ver el DVD después, desde mi sillón, cómoda y en mi casa. Ni mencionar todos los problemas para conseguir entradas. La gente como que se volvió loca y aquellos que venden las entradas también. Increíble el lío con los auspiciadores ,que se apropiaron del derecho de la gente común a asistir al show. Y como si fuera poco difícil para mí tomar esta dura decisión, me anuncian que se viene un segundo concierto. Más plata para la vieja esa, para que se haga más mina y envidiable para las rechonchitas como yo. Pero no cambiaré de opinión. A menos que alguien se raje, yo no pagaré esa cantidad por esa calidad. Ya no me gusta la música comercial, créanlo o no. Aunque fueron esas mismas cancioncillas las que me iniciaron en mi gusto por la música, evolucioné. Ya no soporto escuchar estribillos de esos que se repiten mil veces en la canción de 4 minutos y que se te quedan impresos en la mente hasta cuando no quieres pensar en nada. Les tomé odio. Ahora emprendí el difícil, pero completamente gratificante camino, de buscar la innovación en lo que respecta a la música. Para aquellos que no sepan de lo que estoy hablando, me refiero a investigar en profundidad respecto a aquellas bandas, o solistas en su efecto, que son los responsables de la evolución musical y su complejidad. No olvidemos que en cada época ha habido, a pesar del surgimiento de la música comercial, un destacado grupo de exponentes musicales que ha revolucionado por completo la música del momento. Éstos, se mantienen muchas veces, y ahora en aumento, lejos del ojo común de la gente, en este caso el oído, porque probablemente no los tocan todos los días en la radio, ni aparecen sus entrevistas en la tele, ni posan, cual modelo, para las revistas. Son los más “piola” del asunto, pero a su vez los más wenos. Y me refiero particularmente al rock.


Cada época, como decía antes, tiene los suyos. En el pasado, años 60 en este caso, y con mucha suerte para la gente de su tiempo, estos músicos se hacían rápidamente conocidos, más que nada por sus comportamientos en su condición de ser los primeros rockstar. Jimmy Hendrix, Jim Morrison y The Doors, Janis Joplin, Jefferson Airplane, The Grateful Dead, qué buenos tiempos aquellos… Acá tuvimos nuestro poco de psicodelia también, con Aguaturbia, por ejemplo, que nos abasteció de buena música y calidad comparable a sus pares en el extranjero. Más adelante siguieron otras bandas, ya en los 70´s y 80´s Joy Division, que personificaba el sonido punk rock, semi sintetizado de la época. De ahí en adelante, en los ochentas, una pequeña desvirtuación (esa palabra la inventé) debido a la onda de la época, aunque tuvo buenos exponentes, y visionarios además, como Jane´s Adiction, Y así sucesivamente, después, en los 90´s, nos encontramos con el grunge, que también fue una buena época musical, ya que por milagro la buena música tenía lugar en canales como MTV y en las radios, aunque eso pronto acabó y fue sustituido por el mal pop que surgió a mediados y fines de los 90. Así, ahora nos encontramos en una época repleta de reggaetón y, la música proveniente de los Estados Unidos que solía ser proveedora de exponentes de calidad, ahora es francamente deplorable. Un hip-hop vendido al sistema, quitándole toda la gracia de sus raíces y un rock pop que desvirtuó por completo la palabra rock. Todo esto a pesar de que sí existe muy buena música, pero que lamentablemente no vende tanto como lo otro. Y es por tooooodo esto que no pienso ir a Madonna; por defender la buena música aunque me duela. Porque a pesar de todo lo malo que hay, sí existen bandas que valen la pena y que salen día a día en el extranjero y en nuestro país, y que jamás nos cobrarían esa cantidad de dinero por ir a verlos; porque lo que importa es la música principalmente y no el show. El show debería ser un complemento, no lo esencial. Si quiero ir a ver un show, voy a ver Cirque du Soleil, que anda por ahí con el precio, pero eso si que es un buen show. Para ir a ver viejas añejas, mejor miro a mi abuela y me sale gratis.